Entre el siglo XX y principios del XXI, el lujo operó bajo una lógica clara: ser visible . Los monogramas, estampados y logotipos no solo identificaban a una marca, sino que funcionaban como una forma de validación social. Vestir lujo era, en esencia, ser reconocido públicamente como alguien que podía acceder a él. Sin embargo, en los últimos años, esta lógica ha comenzado a desplazarse. Hoy, el verdadero lujo no busca ser inmediatamente identificable; por el contrario, encue